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Banano

“Aprendí a surfear con una tabla quebrada. La reparé con resina que compré en una fábrica de taxidermia de pescado, con eso la parché y la pegué. Surfeaba con un leash roto que cosí con alambre y que cubrí con cinta de electricista. No usaba wetsuit porque no tenía dinero para comprarme uno, y aunque tuviera, Rosarito era un rancho y en ningún lado vendían. Con suerte te encontrabas uno en el mercado del domingo, pero lo único que había eran unos wetsuits de buceo bien pesados o unos de dos piezas que eran para andar en jet ski. Ni siquiera tenía dinero para comprarme cera de tabla, y le agarraba las veladoras a mi mamá, las prendía y le ponía la cera derretida a la tabla."

Juan Ramón Aguirre (a.k.a Banano) empezó a surfear en 1986, cuando apenas tenía once años (ahora tiene 38 y continúa practicando el surf). En aquel tiempo pedía aventón con su tabla parchada bajo el brazo. Se detenía para desayunar en una panadería que había por la playa. Ahí se compraba un bolillo recién horneado y un jugo. Inmediatamente después se iba al mar con un par de amigos surfos, como él, que tenían más o menos su misma edad. En aquel entonces no había pronóstico de oleaje y la única herramienta de predicción del oleaje que tenían era una tabla de mareas. No les importaba si hacía viento o frío, no les importaba si llovía. Muchas veces les robaron sus cosas en la playa. Ninguno de los surfos de ese tiempo tomó clases; no tenían el apoyo de sus padres. No entraban a concursos, nadie les tomaba fotos surfeando. Ni siquiera tenían el equipo necesario para las furiosas corrientes y el agua helada, pero una cosa estaba clara: les encantaba el mar y por ningún motivo dejarían de surfear.

Polo

Los primeros surfos que montaron las olas de Baja California llegaron de California en los 60’s, pero fue hasta los 70’s que Rosarito se convirtió en un lugar popular para surfear. Hoy, Hipólito Gonzales, también conocido como Polo, a los 50 años de edad es salvavidas, continúa practicando el surf y participa continuamente en torneos nacionales en México. La generación de Polo tuvo surfos emblemáticos como Tony E., Negro Mirón, Ricardo Alzalde, Osvaldo Chavez, Ricardo Farfán y muchos otros más.

Polo empezó a surfear en 1978. Cuando era pequeño, su ruta favorita para ir a la escuela era la playa. Así fue como vio muchachos sobre las olas por primera vez en su vida. Él fue uno de los primeros en dar una segunda oportunidad a una tabla partida a la mitad que encontró abandonada en la playa. Fue con una de esas tablas que aprendió a surfear él solo, sin que nadie lo enseñara.

Polo conoce las playas de Rosarito como la palma de su mano: “En Rosarito hay muchos puntos para surfear, los gabachos van a unos, los locales a otros. A los gabachos les gusta mucho ir a Baja Malibú, Marysol, y los dos lados de la termoeléctrica. Ahorita hay muchos pros que van a la “termo”, ahí los jalan con jet-ski. Es un ‘punto’ (pointbreak), toman muchas fotos ahí pero nunca dicen dónde es, está escondido, es un secreto. A los locales les gusta surfear por el parque, por las Villas del Mar, la Quinta del Mar, el muelle del Hotel Rosarito o por el sur, en Popotla, Chivos, el kilómetro 36, Teresitas, El Morro, el kilómetro 38, el 55, Alisitos, La Fonda. Mi punto favorito ahorita es el muelle porque tiene buenas olas, no como en otros lugares de la playa, donde hay ‘beach break’.”

Vicente (Botz)

Surfos jóvenes y mayores permanecen de pie respetuosamente frente a una iglesia en la que se celebra un funeral doble. Tienen el pelo decolorado por el mar y visten camisas de franela abotonadas hasta el cuello. Se habla poco. Están aquí para apoyar a Vicente, su amigo y compañero de olas que se encuentra pasando por un momento difícil.

Vicente Aldaz Corona vivía con sus padres y sus cuatro hermanos menores frente de la playa de Alisitos (km 59 ½).Vicente surfea desde hace diez años, empezó a practicar el surf a los ocho años de edad. Al principio sus padres se preocuparon por su nueva pasión, pensaban que practicar el surf era muy peligroso, pero con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que este deporte hacia muy feliz a su hijo, así que aprendieron a sentir gusto y respeto por él, en especial Angela, su madre, que vendía bocadillos y comida para reunir fondos para ayudar a Vicente a ir a torneos nacionales. Sin embargo, todo cambió para Vicente al inicio de este verano cuando sus padres murieron en un accidente automovilístico. Kenia, su hermana de doce años, que iba en el carro con ellos, sufrió lesiones graves y cayó en coma.

Ahora Vicente y sus hermanos deberán mudarse a Tijuana con sus abuelos, y al ser el hijo mayor, tiene grandes responsabilidades: tendrá que cuidar de sus hermanos. Sin embargo planea volver a surfear en cuanto le sea posible: “El mar es mi apoyo y yo sé que puedo volver a visitar a mis amigos de La Fonda y Alisitos, pero ya no voy a poder vivir allá. Tengo que trabajar, estudiar y cuidar a mis hermanos. Para mis papás era muy importante que fuera a la escuela y eso es lo que voy a hacer. Aunque en el mar pierdo todas mis preocupaciones y me siento libre y feliz, tengo que pensar en mis hermanos, antes de pensar en mí.”(Afortunadamente, Kenia ya está mucho mejor y hay señales que indican que se recuperará por completo).

Luna

Carlos Luna casi se convierte en abogado. Estudió Derecho durante tres años y medio, hasta que un día sintió que sólo estaba perdiendo el tiempo, así que dejó la carrera y se convirtió en salvavidas. Luna y su amigo José Luis Ames Santana (también salvavidas) soñaban con abrir una escuela de surf en Rosarito. En 2005 fundaron la Escuela de Surf Locales. Al principio se enfocaron en brindar clases a los turistas. Carlos notó que muchos de los niños locales querían aprender a surfear pero no tenían equipo ni podían pagar clases de surf. Fue entonces cuando Luna pensó que tratar de obtener fondos gubernamentales para la escuela, podría ser una manera de ofrecer clases a jóvenes de escasos recursos. Además descubrió que surfear era una forma de brindar sentido de comunidad e identidad a niños que se sentían ajenos a Rosarito porque llegaron de otros lugares de México.

Hoy Carlos continúa ofreciendo clases privadas y también trabaja como voluntario ofreciendo clases gratuitas a niños de la comunidad. Todas las clases tienen estándares de seguridad altos e incluyen el equipo completo. Además, la escuela ofrece un campamento de surf de verano en el que niños y niñas aprenden a surfear, hacen yoga, toman clases de ecología, de primeros auxilios, de arte, de natación y aprenden técnicas de surf.

En el pasado, los surfos excluían a las mujeres, pero en el 2000, Yolanda Blanco, Kenia León, Alejandra Pérez y Marisela Martín del Campo fueron la primer generación de mujeres que tomaron las olas. Ahora hay al menos doce jóvenes mujeres surfeando y compitiendo en torneos en Rosarito; todas ellas aprendieron en la Escuela de Surf Locales.

Luna es además presidente de la Asociación de Surfing de Baja California y actualmente está organizando el Torneo Nacional de Surf, el cual tendrá lugar del 1 al 8 de septiembre en Rosarito. La Asociación se prepara para recibir 400 surfos de todo México.

Carlos Luna tiene muchos planes para el futuro: quiere volver a la escuela, esta vez para estudiar Educación Física. Además quiere ampliar los alcances de la escuela de surf, agregando programas para niños con autismo o problemas de obesidad, porque como él dice: “Cualquiera puede surfear. En Rosarito tenemos la suerte de tener olas para todos, todo el año.”

Joshua Estrada

Joshua viajó solo por primera vez en junio para ir a El Salvador a un campamento de surf patrocinado por Red Bull y unirse a las niños surfistas más destacadas de Latinoamérica. Con tan sólo nueve años, es el más joven de todos ellos.

Joshua es un niño vivaz que sólo puede quedarse quieto cuando está viendo las olas, completamente absorto en su poder y belleza. A esta corta edad domina la tabla corta de cinco pies y ha ganado varios trofeos. Ha viajado bastante y ha competido en torneos a nivel nacional, internacional y estatal. Es un surfista prometedor, una figura talentosa y un símbolo de orgullo para Rosarito, su lugar de origen. Joshua dice: “surfeo las olas más frías de México, con las corrientes más fuertes. Me gusta mucho surfear porque te relaja y te olvidas de todo cuando estás surfeando."

Joshua Tiene todo el apoyo de sus padres y el de otros surfos como Tony Loza, Jorge López, Carlos Luna y muchos otros más. Ha estado surfeando desde que tenía siete años y hoy es muy conocido en la comunidad que practica el surf en Rosarito.

El surf de Rosarito todavía es relativamente desconocido y vale la pena descubrirlo. Como dice Banano: “Ahora que soy mayor he podido viajar. He surfeado en Oaxaca, Nayarit, Puerto Vallarta y en toda Baja California, pero también he surfeado en California y cada vez que vuelvo, aprecio más mi pueblo. En Estados Unidos, cuando surfeas siempre hay mucha gente. Nunca vas a tener un set perfecto para ti solo, pero aquí, tienes izquierdas, derechas, hay tubos, puntos, vientos de offshore y hasta beach break, si es lo que te gusta. Y lo mejor es que puedes surfear todo el día y tener todas las olas para ti.”

Video cortesía de Tony Lozza.

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