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La mañana del 12 de abril, un grupo de unos 700 residentes de Tijuana, armados con pancartas y megáfonos, gritaron en la entrada del palacio municipal: "¡Ecocidio! ¡No a la tala de árboles! ¡No al Zócalo Once de Julio!" Era una manifestación del Movimiento Ciudadano en Defensa del Parque Benito Juárez, en contra del "Zócalo 11 de Julio", un proyecto de zona comercial y plaza pública de 900 millones de pesos diseñado para un espacio ubicado entre los actuales edificios de los gobiernos estatal y municipal en la Zona Río de Tijuana.

El proyecto

Tijuana no es México. — Raymond Chandler

El ambicioso proyecto Zócalo fue elaborado por un grupo de empresarios y académicos tijuanenses encabezado por Carolina Aubanel, directora general de Síntesis Televisión, una de las principales redes mediáticas de Baja California. En 2009, después de formar un patronato, los promotores del proyecto lanzaron un concurso de diseño arquitectónico para un "zócalo" de 40,000 metros cuadrados que debía incluir estacionamiento para 2,000 autos, un teatro al aire libre, biblioteca, galerías y zona comercial, entre otras instalaciones. El patronato bautizó su proyecto "Zócalo 11 de Julio" (porque el 11 de julio de 1889 es la fecha oficial de fundación de la ciudad) y explicó que funcionaría de manera parecida al Zócalo de la ciudad de México, ubicado en una zona construida por los conquistadores españoles encima del templo mayor de Tenochtitlán. Como en muchas ciudades de Latinoamérica, la catedral metropolitana y el palacio nacional flanquean el zócalo. De acuerdo con las bases del concurso, muchas ciudades de México tienen zócalos, plazas públicas de este tipo donde la gente puede reunirse a celebrar las distintas festividades nacionales y promover el turismo cultural. Las bases también establecen que este mega proyecto promoverá la construcción de una nueva identidad para Tijuana y renovará la imagen de su entorno urbano. El lugar elegido para el diseño del proyecto es terreno público y está ocupado por el Parque Benito Juárez, entre los edificios de los gobiernos municipal y estatal y cruzando la calle de la catedral de Tijuana, actualmente en construcción. El parque existente tiene alrededor de 1,300 árboles de distintas especies y es también sede de la principal biblioteca pública de la ciudad y del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC), cuyas instalaciones fueron renovadas y ampliadas hace tres años. La zona fue creada en la década de 1970 como parte de un proyecto financiado por el gobierno federal, con la intención de crearle a la ciudad un nuevo centro urbano que incluyó el canal del Río Tijuana y el Paseo de los Héroes, un bulevar importante que corre hacia el oriente desde la garita fronteriza de San Ysidro. El plan incluyó la reubicación de las áreas financieras y de los edificios de gobierno, ubicados antes en el centro original, cerca de la histórica y célebre Avenida Revolución. El presupuesto para la construcción del Zócalo 11 de Julio se calculó inicialmente en 900 millones de pesos, pero los expertos ya están declarando que el costo real será de alrededor de 1,200 millones, casi la cuarta parte de presupuesto anual para la ciudad de Tijuana. En marzo de 2009 se anunció al ganador del concurso: un despacho llamado Black Dog de la ciudad de Monterrey, ubicada en el estado fronterizo de Nuevo León, más de 2,000 kilómetros al este de Tijuana. Sin embargo, antes de anunciar al ganador, los organizadores seleccionaron cinco semifinalistas y crearon un sitio en Internet para que el público votara por su diseño favorito (no queda claro si estos votos tuvieron algún peso en la determinación del ganador). El diseño ganador se centra en una plancha oval sobredimensionada que se conecta al norte con la catedral de Tijuana, se extiende hacia el sur y cruza el Río Tijuana para conectarse con el centro comercial Plaza Río y finalmente se une al poniente con el Centro Cultural Tijuana (CECUT). Debajo de esta superficie central hay un estacionamiento y una serie de espacios comerciales, pero las visualizaciones tridimensionales del proyecto no revelan ningún remanente del actual Parque Benito Juárez. El zócalo de concreto cubre la mayor parte del lugar.

La discordancia

De este modo, la ciudad y la esfera urbana son el escenario de la lucha; sin embargo, son también lo que está en juego en esa lucha. — Henri Lefebvre

Los activistas que buscan la conservación del Parque Benito Juárez han mantenido un plantón en sus predios desde hace más de un año. Sus puestos de vigilancia están atentos a cualquier intento de cortar árboles, así como a la presencia de maquinaria pesada que amenace con iniciar la construcción del proyecto. Las tiendas de campaña dispersas por el parque albergan hasta ocho personas, que forman el bastión central del grupo, mientras que otros treinta miembros van y vienen realizando tareas de apoyo e informando a los miles de ciudadanos que visitan diariamente el palacio municipal acerca de sus esfuerzos por salvar el parque y sus espacios públicos de las manos privadas. Los dos intereses más urgentes de los conservacionistas son los árboles del parque y la entrega de lo que ahora son tierras públicas a desarrolladores privados, lo cual, de acuerdo con el grupo ciudadano, es lo que está facilitando la presidencia municipal. Carlos Bustamante, el presidente municipal recientemente electo de Tijuana, está ahora a favor de la construcción del proyecto, aunque durante su campaña declaró públicamente estar en contra. Algunos creen que no se decide porque la presidenta del patronato del Zócalo es su ex esposa, Carolina Aubanel. De acuerdo con los activistas, el parque y el resto del predio, incluidos los edificios existentes, están protegidos por un decreto presidencial de 1975 que declara que ni el gobierno estatal ni el municipal pueden cambiar la declaración de uso de suelo establecida para el sitio. Los asesores jurídicos del grupo ciudadano lograron obtener un amparo en contra del proyecto, pero aún están temerosos de posibles negociaciones debajo del agua. Durante la administración anterior, una gran zona delante del palacio municipal y adyacente al parque se convirtió en un estacionamiento subterráneo operado por una compañía privada. Hasta hace poco, esta zona se usaba como plaza pública para celebrar fiestas nacionales a lo largo del año. Ahora el estacionamiento tiene una serie de columnas bajas e inacabadas que parecen estar esperando sostener varios pisos más o bien una gran plaza. Los conservacionistas han obtenido apoyo moral y económico de la ciudadanía, así como la atención de PSN, un importante grupo mediático local que está cubriendo sus esfuerzos en radio y televisión por cable. El apoyo de los concejales locales ha sido mínimo y no ha representado ningún avance real en contra el proyecto desde los gobiernos local y estatal. En cuanto a su opinión acerca del proyecto arquitectónico, el grupo ciudadano siente que no hay un proyecto real. Es notorio que el diseño no está plenamente concebido, porque cada vez que la comunidad critica su forma o la falta de ciertos elementos, como áreas recreativas o zonas de parque, los arquitectos rediseñan el edificio para satisfacer las demandas. Además, a los ojos de los activistas, el proyecto no parece estar interpretado desde una arquitectura regional. Según algunos, la torre central, diseñada como la nueva biblioteca, parece una mala copia del hotel Burj Al Arabin de Dubai. Como lo planteó uno de los activistas, "No hay nada real en el proyecto, sólo existe como comercial de televisión".

Bienvenidos a Megaflópolis El visitante actual que busca espacios urbanos públicos se ve obligado, cada vez más, a recorrer áreas recicladas y revaluadas... escenarios urbanos que se han convertido en lugares privatizados, comercializados, historificados y aburguesados. — Christine Boyer

Este proyecto es en esencia una simulación, un espectáculo maquinado en la mente de una soberana mediática y su séquito, que con el poder de los medios masivos nos obligan a imaginar su quimera como si fuese nuestra realidad. Este proyecto no es un lugar, sólo una imagen virtual. Es lo que el arquitecto y teórico urbano neoyorquino Michael Sorkin llama Cyburbia: "una arquitectura del engaño, que con su sonriente familiaridad se distancia constantemente de las realidades más fundamentales. La arquitectura de esta ciudad es casi puramente semiótica, juega a la significación injertada, al edificio de parque temático". Esta idea romántica de injertar una estructura urbana con 300 años de antigüedad como es un zócalo en medio de la ciudad moderna equivale a padecer amnesia temporal y a un esfuerzo retrógrado por construir la ciudad según una época de hegemonía colonial. Quieren darnos una identidad trasplantada y un urbanismo de libre mercado, nos guste o no. Como idea, el Zócalo 11 de Julio parece expresar un deseo narcisista de recontextualizar un espacio urbano que ya había dado forma a varios sistemas de coexistencia, tanto públicos como ecológicos. Sin embargo, a medida que el oriente de la ciudad se vuelve cada vez más marginal (como consecuencia de entregar a desarrolladores privados la venia para construir miles de hectáreas de microviviendas), el patronato y sus miembros quieren construir un zócalo en una zona urbana ya céntrica y activa, acción que refuerza la segregación de casi la mitad de la población (está documentado que la mitad de la población de Tijuana vive en la periferia), que no tendrá acceso a espacios públicos y recreativos. Las inversiones de este tipo tienen que ser específicas a las necesidades de la ciudad, no simples fantasías neoburguesas. ¡Tijuana tiene que entender los términos elitización y aburguesamiento! En términos ecológicos, ambas partes alegan sobre el número de árboles: cuántos hay y cuántos propone plantar el proyecto Zócalo. En lugar de cantidades, el punto importante deberían ser los ecosistemas y las zonas que generan un ambiente favorable para la ciudad. Tijuana está muy por debajo de los ocho metros cuadrados de áreas verdes por habitante que sugiere la ONU: actualmente, la ciudad ofrece un metro cuadrado de áreas verdes por habitante. Desde Andrea Palladio hasta Le Corbusier, las relaciones entre poder y territorio han sido un tema crítico en la formación de un espacio urbano democrático. Distintos grupos (sociales y políticos) se han embarcado en luchas de poder desde que se concibió el espacio urbano moderno. Sin embargo, el derecho a la ciudad, según lo define el geógrafo David Harvey, "no es simplemente un derecho de acceso a lo que definen los especuladores inmobiliarios y los urbanistas gubernamentales". El diseño del espacio público debe ser un esfuerzo democrático e incluyente, no algo que se deje al sector privado.


Translated by Lucrecia Orenzans

To read this article in English, visit Yonder Lies It.

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