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131 estudiantes responden a las acusaciones del PRI realizando un video en el que demuestran que en realidad son estudiantes de la Ibero.

En apoyo a esos 131 estudiantes, los usuarios de Twitter iniciaron dos hashtags: #masde131 y #yosoy132, esté último se convirtió en el nombre de un movimiento civil sin precedentes que demandaba claridad en las elecciones. Intelectuales, artistas, ciudadanos concientes, campesinos, estudiantes de distintos antecedentes se unieron a #yosoy132 y lo usaron como un símbolo que demostraba que estaban en contra del regreso del PRI, que rechazaban a Peña Nieto, que demandaban un sistema de medios libre, deseaban votantes libres e informados, estaban en contra del fraude electoral y querían una verdadera democracia. Así fue el inicio de una organización civil que realizó distintas manifestaciones antes y después de la elección.

La Dictadura Perfecta.

En 1990 el escritor Mario Vargas Llosa llamó a México “la dictadura perfecta”. Estaba en una mesa de debate con otros intelectuales cuando hizo una observación en torno a la tradición de las dictaduras militares a lo largo y ancho de Latinoamérica. En contraste, México no había padecido la dominación de un régimen militar, pero se encontraba bajo el dominio único del Partido Revolucionario Institucional. Durante casi 80 años era inimaginable que algún gobernante proviniera de cualquier otro partido. La mayor parte de ese tiempo todos los presidentes, la mayoría del congreso y todos los gobernadores provenían del PRI (salvo raras excepciones: en 1989 el PAN obtuvo el triunfo en Baja California, el primer estado mexicano en tener un gobernador de oposición en 60 años). El presidente de México era omnipotente, todas las leyes que proponía se aprobaban automáticamente, él decidía quien sería el siguiente candidato presidencial y por ende el próximo presidente. Popularmente al precandidato se le llamaba “el tapado” y el procedimiento por el que se decidía quién sería el siguiente se le llamaba “dedazo”. La “democracia” se daba por obra y gracia de la voluntad del presidente. Los sindicatos, los medios masivos de información y las instituciones no eran más que los instrumentos de poder del PRI. En sí se trataba de una oligarquía disfrazada. El resto de los partidos no eran más que sanguijuelas presupuestales que proveían de validez a una democracia a la mexicana. El dominio absoluto del PRI en México produjo un fuerte sistema de corrupción y nepotismo. El gobierno era una enorme máquina de la mordida (en México se llama popularmente mordida al soborno) que no soltaba el poder político bajo ninguna circunstancia. El fraude era una práctica común y el voto una mera formalidad cuyo único objetivo era permanecer en línea con la constitución mexicana.

En 1986 una fracción democrática del PRI renunció a continuar en sus filas y fundó el Frente Democrático Nacional (FDN). En 1988 el FDN lanzó a Cuauhtémoc Cárdenas (hijo de Lázaro Cárdenas, un expresidente de México) como su candidato presidencial en contra de Carlos Salinas de Gortari. Cuauhtémoc Cárdenas ganó, pero la noche de la elección el PRI cambió los resultados, convirtiendo a Salinas en el nuevo presidente. El fraude fue finalmente reconocido por el entonces presidente Miguel de la Madrid al New York Times en una declaración que hizo años después. Tras la elección el FDN se constituyó como el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Cuauhtémoc Cárdenas se lanzó como candidato en dos ocasiones más, pero no pudo repetir la hazaña de 1988. En los años siguientes el PRD creció, obtuvo lugares en el Congreso y ganó varios estados hasta convertirse en la fuerza política mayoritaria en la Ciudad de México. El PAN también creció, hasta llegar al punto de que en el 2000 Vicente Fox se convirtió en el primer presidente de México que no provenía del PRI. Seis años después Felipe Calderon, del PAN compitió contra Andrés Manuel López Obrador, del PRD y Roberto Madrazo, del PRI. Calderón y López Obrador estaban en un empate técnico pero el Instituto Federal Electoral (IFE) declaró ganador a Calderón (aunque tenía tan solo un margen de ventaja del 0.58% sobre López Obrador) y no se permitió un recuento de los votos. Nuevamente, la palabra fraude flotaba en el aire.

Después de perder dos elecciones presidenciales consecutivas y haber sido relegado al tercer lugar en la última, el PRI reunió todas sus fuerzas y años antes de que se iniciara el período oficial, inició una campaña promoviendo a Enrique Peña Nieto . El exgobernador fue entrenado, acicalado, preparado, programado y empacado hasta quedar convertido en un producto de consumo masivo con el pelo lleno de mousse y una bella esposa actriz de telenovela conocida como la Gaviota. Peña Nieto aparecía en las revistas de sociedad, en las revistas de chismes; tenía un club de fans; era un Elvis Presley sin talento, pero con hordas de fanáticas delirantes. En sus mítines el PRI regalaba muñecos de Peña Nieto. Su imagen recibió un lavado verde y se promovía como el candidato del Partido Verde (el Verde formó alianza con el PRI). Sin embargo había detalles que no encajaban del todo. El discurso de Peña Nieto era superficial, carecía de profundidad de pensamiento. Las palabras del candidato eran dictadas por el Teleprompter y cuando tenía que hablar sin ayuda siempre se metía en problemas. Hay una lista de pintorescas anécdotas de triste fama que ponen en evidencia su torpeza verbal, como esa vez en que Peña Nieto estaba en una feria del libro y no pudo siquiera decir el nombre de tres libros que hubiera leído, y aquella vez en que no supo decir cómo murió su primera esposa. También está aquel incidente en que su hija demostró su clasismo y su desdén llamando “pendejos” y “prole” a todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con su papá. Pero la característica más importante y cuestionable del candidato es su pertenencia al Grupo Atlacomulco, uno de los grupos más profundamente corruptos del PRI (los políticos que pertenecen a este grupo son priístas de la vieja guardia y popularmente se les conoce como Dinosaurios), esto despertó las sospechas de que Peña Nieto no era más que un títere de los más oscuros y retrógradas elementos del PRI.

Las secuelas de una elección controversial.

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