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Siendo justos, recientemente habíamos visto que más grupos conservacionistas se organizaban en defensa del espacio público, como el que acampó en el Parque Benito Juárez para impedir que instancias privadas construyeran una gran plancha de concreto conocida como Zócalo 11 de Julio. Pero estos grupos son pequeños y carecen de credibilidad ante el resto de la población, aunque tengan buenas intenciones. Hace poco, el alcalde Bustamante desalojó al grupo ocupante, y ahora el futuro del parque y de su espacio público es incierto.

A Tijuana le hace falta una cultura social cohesiva, una que defienda el espacio público y su derecho a la ciudad. Ahora estamos presenciando el resurgimiento de ciertas partes de la ciudad y un crecimiento económico gradual en el sector servicios. Durante los últimos cinco años hemos comprobado la resurrección de la vida nocturna en el centro de Tijuana. La clase media que huyó de la ciudad durante los últimos tres años ya regresó de San Diego. Sin embargo, nuestro entendimiento y deseo del espacio público sigue siendo sólo una visión que nos resulta difícil atrapar o defender. Espero que pronto nos hartemos de “las políticas de siempre” y que, como en la novela Millennium People [Milenio negro] de J. G. Ballard, al menos aspiremos a ser como todos los profesionistas obedientes y lleguemos puntualmente a nuestra cita con la revolución.

— Rene Peralta

Traducción: Lucrecia Orensanz

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